viernes, 28 de septiembre de 2007

MarcelMarceau.



Transformación del silencio

Ahora, solo frente al monitor, reflexionando sobre mí trabajo fotográfico. Al igual que mucha gente estoy en una gran soledad. Cada vez me siento mas sumido en el silencio sin forma por el deceso de Marcel Marceau. Por mi mente pasan revoloteando recuerdos, de los que le dan sentido a la memoria -mi memoria- y recuerdo especialmente una tarde en el centro de la ciudad de México. Jadeante como siempre, por andar corriendo, por no ser leal con el tiempo, llego tarde a mi cita con él. ¿Eres el fotógrafo que espera el señor Marcel?, me pregunta el improvisado portero de voz ansiosa. Si, respondo sin frenar mi paso. Lleva treinta minutos esperándote dando vueltas al escenario y dice que no comienza la función hasta que se tome las fotos. ¡Estamos a cinco minutos de abrir el telón, es el tiempo que tienes para hacer la sesión fotográfica. Mientras recorríamos a zancadas los callejones del interior del teatro, para llegar al escenario del Teatro de la Ciudad. En el escenario, me topo con una larga figura blanca fina, de pantalón y playera blanca, con delgadas rayas rojas, moviéndose con delicado paso, caminaba en círculos sin inquietarse. Buenas noches señor Marceau, cínicamente salude. ¿Comenzamos?, por que me piden que salga yo del escenario en cinco minutos, dije en mi ansiedad, olvido que el no habla español, ni yo francés. La comunicación estaba dada. Sin más levanto los hombros y comenzó la función particular. La mímica fue nuestro idioma. Ahí me estrene en el arte del idioma gestual. Yo le sonreía, y él traducía, dibujando en su rostro la alegría. Yo ponía carita triste, entonces el con su mano barría su rostro trasformando la sonrisa la alegría en tristeza. Así, frente al fotógrafo, Marcel comenzó a interpretar a Marceau. Puedo decir que frente a mí, a escasos centímetros viví la transformación del silencio. No hacía falta la voz para comunicarnos. Que manera de seguir viéndolo y disfrutando a través del recuerdo, ver salir las perlas de sudor de su rostro iluminándolo, llenándonos de ese grandioso amor por la estética de la vida, y darse al publico ávido de impresiones humanas. Este con impaciencia, aplaudía cada vez mas, había ya un para entonces un retraso de treinta minutos. Toda esa alborotada rechifla estaba del otro lado del telón. En el escenario, el fotógrafo era el único privilegiado espectador de una extraordinaria función.
Esas prodigiosas manos dejaron huella permanente, la sonrisa, la sorpresa, la tristeza, la ingenuidad, nos dejaron ver y sentir en el escenario lo que realmente no existía. Mariposas, viento, escaleras, flores o damas cortejadas, habitantes de la imaginación invitados por él mimo. Bastaba un etéreo movimiento para atraer un mundo de personajes y situaciones al escenario. Su expresión corporal lo llevo a niveles de interpretación mímica nunca imaginados. Lo asombroso fue disfrutarlo tan cerca que escuchaba su respiración. Su partida desdibujo la sonrisa. Conocemos el otro rostro de Marceau. Nos obligo a quedarnos momentáneamente con el.

En este momento duele. Ahora solo, frente al monitor el cursor destella flashazos de memoria, granitos de recuerdo que comparto contigo.


jueves, 20 de septiembre de 2007

" Feliz Cumpleaños Abuelito "




Sonrió con mis ojos, boca y alma
a ti abuelito
y aprovecho esta inocencia
que es muy corta y fugaz.
Verte es júbilo de niña
pequeñita y mimada.

Nunca te alejes, abuelito,
de mi lado
y yo siempre seré,
modestamente,
tu nietita consentida.

Abuelito, eres como una luz,
una luz muy fuerte
para mí.
Te quiero
Tu nieta Sofía.
PD: Esperamos que Dios nos regale muchisimos años de su bella compañía, que cada amanecer tengamos la dicha de poder compartir juntos las alegrías y penas, pese a la distancia.
Reciba de nuestra parte todo el amor, cariño y respeto.
Lo queremos mucho.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Cascada de Soteapan



Los veracruzanos son finos de trato, gente llena de alegría y de mucho de colorido, parte de su grandeza la marca su colosal naturaleza. Es la cascada de Soteapan la que los llena de su grandeza.